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«La fuerza sin amor es energía gastada en vano» – Albert Einstein.

Uno de los grandes dilemas que tenemos en nuestras relaciones y muy particularmente en la relación con Dios, es el amor; ¿qué es, en fin y al cabo amar?, ¿en qué basamos nuestra afirmación que Dios nos ama?, ¿cómo se siente Dios amado por nosotros?, ¿por qué Dios reclama nuestro amor?

«Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente»

(Mateo 22:37)

Algo que me pasa por el corazón, y me atrevo a decirlo es, que Dios «necesita» de nuestro amor; se hizo «dependiente» del amor humano; sé que esto es absolutamente difícil de aceptar, pero de no ser así, la relación con Él sería ficticia, irrelevante y desequilibrada.

Vale la pena recordar que cuando Jesús busca a Pedro para reestablecer la relación rota, le pregunta repetidamente -como un enamorado lo haría- ¿me amas?, y al ver la vaguedad de su respuesta solo le quedó aceptar ese amor limitado, pero en fin y al cabo amor.

El salmista hace un cántico en el cual se «siente» el coqueto mutuo de dos enamorados. Primero Dios toma la palabra para hablarle a su novia -la iglesia-: «Las más bellas princesas son las damas de su corte; sentada a su mano derecha está la futura reina, vestida con finas telas de oro. Escúchame, princesa; préstame atención: Ya no pienses en tu pueblo, ya no llores por tus padres. Su Majestad te desea; tu hermosura lo cautiva. Harás todo lo que te pida, pues pronto será tu esposo»

(Salmos 45:9-11) TLA

Y luego la halagada novia completa el cuadro respondiendo a su prometido: «Me nace del corazón decir palabras bonitas. ¡Cómo quisiera tener la inspiración de un poeta, y escribirle versos a Su Majestad! Yo, con mis versos, haré que Su Majestad sea recordado siempre en todas las naciones»

(Salmos 45:1, 17) TLA

Luego del flirteo mutuo, nos asalta una pregunta: ¿en qué se traduce el amor en el día a día? Una pista irrefutable del amor, en la práctica, nos la revela Efesios 5:2; enseñándonos qué es amar al otro: «Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante». Entonces, amar es pensar en la necesidad del otro y suplirla. Cristo suplió nuestra mayor necesidad, la condenación eterna; por eso nos amó muriendo para salvarnos.

Así, amar es suplir la necesidad del otro; Cristo suplió la nuestra… ¿qué «necesidades» tiene Dios, que al nosotros suplirlas, se sienta amado?

Permíteme recomendarte algunas maneras prácticas a través de las cuales Él oye al oído: «Señor, te amo»

* Alertando nuestro oído para escuchar su firme Voz (es nuestro reconocimiento a su Veracidad)

* Agradándole en obediencia (es nuestro reconocimiento a su Señorío)

* Alabándole sobre todas las personas y cosas (es nuestro reconocimiento a su Deidad)

* Agradeciéndole por su actuar cada día en nuestras vidas (es nuestro reconocimiento a su Soberanía)

* Aceptando su buena, agradable y perfecta voluntad (es nuestro reconocimiento a su Perfección)

… así te quiero amar siempre, Señor; fortalece mi corazón, porque como Pedro, el mío también es muy limitado, «le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.»

(Juan 21:17).

Amémonos Señor mío; yo necesito tu amor y tú, incomprensiblemente necesitas el mío, «nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero»

(1 Juan 4:19)

«Si Dios no me hubiera cambiado el corazón, nunca hubiera tenido uno para amarle»

Richard Baxter

(1615-1691)

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