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¿Todo tiempo pasado fue mejor? Quizá, para algunos. Los recuerdos de un pasado feliz se arraigan en la mente y generan nostalgia. Muchos tienen pasados que quisieran dejar en el olvido, sus recuerdos causan más heridas que la realidad del presente. No alcancé a conocer muchas cosas de los años pasados; sin embargo, la historia se encarga de recordar que no todo aquello fue mejor, de hecho, muchas cosas quedaron en la historia precisamente para no olvidar el alcance de nuestra maldad, para no repetir hechos bochornosos que llenan de vergüenza las ínfulas de la evolución humana.

Las disputas de hoy nos hacen suspirar por un pasado en el que ni siquiera había espacio para un reclamo de igualdad. Tal vez, por esas mismas circunstancias de la vida, nuestra historia se fundó bajo el derecho y privatizó los pensamientos diferentes que hoy quieren surgir apelando a la misma dignidad que reconoce la diversidad de opinión. Antes hubiera sido irracional, improcedente, absurdo. Hoy se exige libertad y se divulga la opresión como medio inquisidor del derecho fundamental que todo ser humano tiene. Libertad que permite no solo pensamientos, religiones y conductas diferentes, también permite legalizar lo que la misma naturaleza desaprueba. Libertad humana, tan humana como la corrosión del corazón.

Muchos recuerdan y las lágrimas brotan. Anhelan un pasado en el que todo era más barato, en el que no había tanta violencia. Un pasado en el que los jovencitos respetaban a los mayores y los maestros tenían un puesto privilegiado. Anhelan un pasado en el que el aire se podía respirar con mayor tranquilidad y los campos estaban llenos de hombres y mujeres que sentían la tierra como suya. Otros quisieran nunca volver por los caminos de la mente, borrar de un solo tajo el dolor de su pasado y dejar en el olvido aquello que algún día fueron.

¿Todo tiempo pasado fue mejor? No sé. Solo sé que un día escuché un mensaje de esperanza que me abrió las puertas para la redención de mi pasado, me dio fuerzas para afrontar el presente y me ayudó a idealizar el futuro. Los gemidos de una tierra devastada por el pecado siguen esperando el día de la emancipación, y sí, yo también quiero llenarme de esa esperanza, aferrarme a la cruz y soñar con el día en que él vuelva a enjugar toda lágrima. Pueden llamarme soñador o pueden estar de acuerdo con mis razones. Tal vez me hastié de la realidad de mi propia maldad. Tal vez entendí que la única salida está en ver pasar el tiempo y rogar ansiosamente hasta que esas promesas se cumplan.

Fui un fanático de la música de Santiago Benavides, aún antes de que La Casa de sus Sueños sonara por medio continente. Lloré escuchando sus canciones de esperanza, muchas han sido como oraciones de clamor por la revelación de esa justicia que tanto deseamos. Va Pasando el Tiempo, me recuerda que ambas realidades se juntan para acercarnos a la cruz. La realidad de un pasado que pudo haber sido y no fue, la realidad de un presente lleno de respuestas que no calman la ansiedad. Y esto, esperando un tiempo en el que se levanten cantos de cosecha, no solo en esta América india y medio socialista, sino en la creación entera que sigue gimiendo con dolores de parto y que sigue a la expectativa de la redención final (Romanos 8:20-22). Santiago lo cantó así:

“Va pasando el tiempo que vivimos, basta parpadear para entender que de verdad algo se ha ido. Cada vez más seria la nostalgia viene a preguntar y a reclamar con queda voz restos de infancia. Va pasando el rostro de la gente, todo sigue igual y sin embargo, todo está tan diferente. Sigue estando ahí la carretera, pero hay que decir que el sólo verla no es igual a recorrerla, va pasando el tiempo. Va pasando el tiempo y caen las hojas, como anticipando que vendrá la hora. Va pasando el tiempo y sigue latiendo este corazón que hacíamos muerto, va pasando y sigue la espera de los que quedaron tirados afuera.

Ya se terminó la guerra fría y ahora la que sigue es más glacial y más mortal que la que había. Unas veces fue la ideología lo que se juzgó en el derecho a suplicar por la comida, va pasando el tiempo.

Va pasando el tiempo y aquí continuamos, las mismas preguntas mueven nuestros labios. Va pasando el tiempo y ofrece el olvido como escapatoria de nuestro destino y entre más avanza más se hace evidente que solo Dios puede cambiar nuestra suerte. Va pasando el tiempo, pero hay esperanza, mi América india, mi tierra soñada. Va pasando el tiempo y aunque no parezca sin duda vendrán cantos de cosecha. Va pasando el tiempo con un aguacero y nos va quedando la fe en el madero…”. 

Va pasando el Tiempo. Y estoy convencido que nosotros pasaremos con él. Llegará el momento en que Dios cumpla la totalidad de sus palabras y finalmente nadie pensará en el pasado ni en el presente, y obviamente, tampoco en el futuro, porque él hará nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:5), y no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron (v. 4). Así que, seguiré esperando, porque en medio de la realidad pasada y presente, solo me queda la fe en que él traerá un futuro en donde todo será redimido y el tiempo ya no pase más.

Andrés Giraldo